LA ESPERANZA
Ella duerme en saco vacío.
Estrecha la mano del vencido.
Alía uno a uno los amigos.
Compone notas de gloria pretéritas.
Reparte sueños y alegrías.
No duerme en la cama de la abundancia.
No sabe de las almas regaladas.
Busca por los oscuros rincones del alma.
Su color es el verde:
de los prados mojados,
de las copas de los árboles en abril,
de las aguas de los lagos;
dónde las ninfas esperan su llegada.
A ella se engarza el deseo de un día venidero.
En el que no duelan los recuerdos,
ni la tristeza se haga hueco.
Anna SB, 20 de noviembre de 2008
Ella
palpa
el húmedo y frío cristal
que recoge el empuje reciente de la fría noche.
Consciencia del instante fugaz.
Ensimismamiento.
Perplejidad.
Caes bajo el abrigo del pecho hueco del falso amigo.
Hiendes tu brazo en él esperando encontrar el calor que no fue.
Extremas tus cuidados en una falsa amistad creyendo que es.
Es posible que esa creencia anime tu paso dándole vuelo y brío.
Es posible que consientas en ello para propio beneficio.
Es posible, o quizás has caído en la treta de creerte en él.
En este mercadeo de sonrisas tiras de la brida suelta al punto.
Estás arrinconando silencios en otro tiempo omitidos.
Deberías atenderlos y sentirlos para darles pie.
¿Por qué has venido a caer en este juego distante de máscaras?
¿Qué te ha traído a él?
Acaso pensaste ser visible ante las cuencas vacías que sólo miran a dentro.
Pensabas que había un hueco para ocupar tu lugar en él.
Creías, confiada que serías alguien con un nombre en piedra.
Sí, en la piedra de los sin nombre que rueda por las canteras.
Piedra rodada y desgastada, esmerilada e inmolada, triturada.
Esa es la raíz de tu ser.
Mirarás la gente creyendo que tienen un nombre diferenciado.
Movimientos lentos de un cuerpo añado, buscando aposentarse.
Tras ese gesto dolido, altiva la frente ni te mira. La vejez.
Has abierto los ojos de la mente
y has escuchado lo que corre por dentro,
en esa riada que no para saliendo ante ti precipitada.
El tiempo ha parado su pausa mirándote quejumbroso,
reclamando tu participación en ese movimiento
y deteniéndose ante ti.
Oda a la que se suicida por no aguantarse la vida.
Fue una vida sin alas,
fue una vida sin viento,
fue una vida sin aire,
sin aire ni sentimiento.
Ella lamenta su cruz,
asomada ante el abismo,
recorriendo con los dedos,
los presagios del destino.
Mira hacía el vacío certero,
temerosa de su mal,
objetándose ese paso
que está a punto de dar.
Caerá por precipicio,
dando tumbos entre las rocas,
hollando en su silencio
la vida de quien quedará.
Llegará sobre el polvoriento suelo,
dejando una estela de polvo
enmudeciendo el silencio.
Unos brazos se interponen,
recogiéndola en su lecho.
Ser alado antepone ante ella todo el cuerpo.
Recobra las alas y las bate con impulso alzando el vuelo.
A lo lejos se divisan
dos cuerpos en movimiento.
En las calles crujen cristales rotos del viento.
Lloran plañideras voces.
Lamentos, sólo lamentos.
Ella se fue lejos.
Los ojos no osan mirarse.
Las quejas para los adentros.
Las almas reconocen
lo que negamos por dentro.
Ella estuvo un tiempo.
Cerrad con llave y candados,
volved la espalda al silencio.
Pactareis con su recuerdo.
Se fue y su puerta quedó abierta.
No perdió la vida en ello.
Ganó el retorno a su ser.
No lamentéis que no esté.
Buscad, si os es posible,
las razones que os sostienen sin su ser.
¿No tuvisteis ojos para verla?
¿No oísteis quejidos tras de su puerta?
¿De qué os lamentáis?
¡Vaya, te gusta jugar!
Has querido enredarme con tus tretas.
Me has llevado allí sin otorgarme una pausa.
Ese cosquilleo arrastra.
La indiferencia no tendrá lugar.
Será así como captarás mi atención.
Es posible que no sea a mí, a quien quieras tentar.
Es posible, pero soy yo quien se deja llevar.
Dame, pues, la oportunidad.
Lo que cuenta, son las personas.
De mis actos verás rastros de defectos y virtudes.
No esperes que no me equivoque.
Errar es lo humano de mi parte.
Amar es humanizarme.
Seguir el pulso emocional.
Esa línea de fuga que apuntaba a las emociones.
Un cuerpo, una mente.
Un corazón que sufre y grita.
Sangre que golpea las sienes hasta decir basta.
El alma que puja por presentarse ante la humana presencia de las otras almas.
Amar no es un viaje en sedas y sábanas blancas.
Amar es exponerse a la otra mirada.
Amar es dejar que el cristal empañado del espejo vislumbre el reflejo, dejándose al descubierto.
Ese verbo declinado en las clases de latín de aquellos años primeros es guía y tortura en el camino que atraviesa una vida, la mía.
Escucho el nombre de las verdades ocultas,
sin parpadeos ni guiños extraños.
Veo amaneceres opuestos a un horizonte lejano.
La tarde languidece tiñendo su plano.
Los irisados magenta aplacan mi alma.
No pierdo en bagatelas momentos ni reservas.

Me miras, pienso que así lo haces, desde ese ángulo oscuro del que te despistas y arrancas los acordes de mi lira.
Escuchas, pienso que estás atenta a las palabras que se engarzan ensortijadas, creando bucles en el aire.
Cierras lo ojos y atiendes el silbo del aire.
El de mis palabras.
Las que te hablan.
Mañana estarás expectante, sin poder alcanzarlas.
Recordarás que vinieron a ti.
Remedarás con tu memoria el tiempo en que en descuido dejaste de lado la copla de mi verso atento a tu boca.
Estaré a tu lado, amada mía.
Envolveré con una de mis sonrisas la triste perspectiva evocando el vuelo de nuestras risas.
Estarás a mi lado.
Seré tu compañía.