
EXCLUIDOS
Quedas orillado, al margen del mundo.
¿A dónde quieren conducirte?
Será que creen que tu sitio es otro.
¿A cual pueden llevarte?
Hoy miran su ombligo sin sentir que tu vida está aquí.
Mañana el boomerang se dará la vuelta.
Recordarán su ego herido sin tenerte en cuenta.
Ya no cuentan contigo.
La cuenta es otra.
Consentimos.
Somos cómplices por descuido.
Giramos.
Miramos a otro lado.
Jugamos a vivir y dormimos bajo techado.
Entretanto, tu techo es el cielo y la balsa va haciendo agua.
Estoy en esa balsa.
Los labios secos, reclaman agua.
El viento arranca mi piel a jirones.
Los huesos de mis brazos no aguantan.
La enjuta cobertura que los envuelve no basta.
Los ojos brillan porque arrastran el impulso del creyente.
Viaje a la tierra prometida,
a la mesa de los ricos que alimentan a sus títeres y amigos.
Llama a la puerta aunque la encuentres abierta.
Espera respuesta y si tardan en abrir date la vuelta.
No tomes la iniciativa.
Si así lo hicieras cargarías con el peso de la responsabilidad.
Inicia el camino de vuelta cuando emprendas el viaje de ida.
Repara en verdades aunque todo sea mentira.
Disponte a escuchar los silencios, allí resuenan los ecos.
Distánciate en la proximidad y acércate a quienes lejanos se van.
Repón las heridas que conferirás.
Acicate para tu ira con una sonrisa.
Dispara a salvar muchas vidas.
La constancia será la respuesta.
Preguntas certeras.
Nunca serás la primera.
Ni siquiera lo pretendas.
Si así fuera notarías tirones hasta que cedieras.
No hay otra que la tuya.
No construyas dónde te digan.
Hazlo allí dónde creas hay salidas para volver a empezar.
No cierres posibilidades.
Nadie te las dará.
Apunta a dar hacía dentro.
Ese es el único argumento que te debe importar.
Lo demás será o no será.
No importa.
Sabrás.
Concluirás.
Pararás de buscar.
Comprenderás.
Cerraras esa puerta a la que intentaste llamar.
Nada te interesará.
Perdiste la oportunidad.
Eso te dará otras posibilidades de puertas abiertas.
Traspásalas sin llamar.
No cejes en el intento.
Volverás sobre tus pasos, dirigiéndolos a otro lado.
Dimos tiempo al silencio.
Ahora nos queda la palabra enredada en lo que nada dice.
Volveremos la espalda uno a otro.
Nos iremos por el camino de siempre,
el del disimulo que sostiene el mundo aparente.
Es agua para el superviviente.
Poco a poco se cuece con ella un caldo de salobre contenido.
Poco a poco se expande como páramo perdido.
Las ristras trenzadas construyen lo que en ellas se engarza.
No hay salida, así es la vida.
Te guste o no, siempre es un juego de dos.
No juegan dos si uno no quiere, dice el refrán.
Digamos que inevitablemente.
Cuando se ponen las cartas sobre la mesa o las fichas sobre el tablero están en juego.
No vale desviar la atención ni mirar para otro lado.
No ponerlas es inevitable.
Las cosas que de pronto saltan no son obra de la voluntad, es lo que se antepone aún a nuestro pesar.
Nada que quieras contener, podrás evitar.
Al contrario, cuanto más quiera evitarlo, más se impondrá.
El juego de la vida no tiene reglas precisas.
Los controles que le ponemos son aquello que queremos nos evite el caos que en su propia esencia ya está.
Muchos o pocos años vivirás o viviremos.
Es posible que en esa urdimbre de coincidencias y desavenencias nos acerquemos más, pero siempre seremos extraños ante nuestra mismidad.
Cómo conocer, si exploramos en un pozo profundo nuestras almas que oclusas se esconden entre sus sombras y re mezclan con los posos de recuerdos olvidados dando pie a respuestas y quejas que nadie, ni siquiera tú, de ellas encontraría la veta.
Cuando te levantaste creíste que ese sería un día cualquiera, posiblemente como los de antes y los que tras él vendrían.
No vinieron días semejantes. Tras él todo se volvió del revés.
Hubieras querido volver las manecillas del reloj al sentido contrario o no despertar en ese momento oportuno.
Mejor, no haber mirado.
Ojos que no ven corazón que no siente. Ese sentido es nuevo a partir de este recuerdo ocluso.
Posiblemente toca a su fin. Pretenderlo es perderlo.
Te acostumbrarás a las horas solitarias sin nadie a quien encontrar.
Falsamente pensaste que era dado el encuentro.
No hubo tal.
Hay ausencias que golpean sin saber a que atenerse.
Hay presencias que un buen día desaparecen.
En este río de la vida las aguas remansadas a veces pierden su cauce.
Son las lluvias torrenciales que arrastran lodos y pedregales.
Es que la vida no es otra que un campo minado.
Dónde pones el pie te estalla la bomba sin poderlo contener.
Ayer pareciera posible lo que mañana será imposible.
Todas las relaciones tienen fecha de caducidad.
Te acomodas en ellas creyendo que durarán.
Es esa forma engañosa que nos hace continuar.
Creemos que somos hermanos hasta que un buen día despertamos.
Ese sueño nos daba alas que ahora se están arrugando.
No pasa nada, en esencia qué importa la presencia si se va.
¿Son más cosas las que nos separan que las que nos acompañan?
Eso será.
Empecinarse en lo contrario es pasar a un mal trago que ya has tomado en el pasado.
Haber vivido la disyuntiva en otro tiempo, te enseña que cuando los cristales caen hechos pedazos ya no es posible reparar.
Fue hermoso mientras duró.
Ahora queda ese duelo que siempre deviene de la separación.
El silencio se adueña en el primer paso.
Será para evitar más daños.
Ya no habrá explicaciones.
Ya no atienden razones.
La puerta se cerró de golpe, dejándonos a cada lado sin recursos ni razones.
Este estado de quietud y aturdimiento es el previo a otro nuevo movimiento.
Hasta aquí habíamos llegado.
Ahora cabe seguir el trayecto en solitario o con otros compañeros de viaje que aún mantienen el paso.
Sin reproches.
Nadie da lo que no siente.
Así sigues.
Con el tiempo los recuerdos desdibujan.
Pusiste leña al fuego o echaste agua a las ascuas.
Nunca sabrás que es lo que realmente se interpuso.
Bajo lo simple está lo esencial.
Allí fallo la conciencia, o fue por casualidad.
Que más dará.
Al fin la vuelta de tuerca ha vuelto a dejar las cosas en suspenso.
Te miras ante el espejo y ves, te ves en tu mismidad.
Para otros no lo serás.
Estarás o no estarás.
Qué más les dará.
En esencia interesas a quienes de verdad te valoran y aceptan en todas tus dimensiones.
Poca gente.
No hay más.
Si creíste que podía alterarse la norma que el tiempo marca estabas bien equivocada.
Emprendiste camino y ese no es otro que el tuyo.
Algunas veces encuentras algún que otro compañero de viaje.
A veces, eufórica, crees que durará.
Constatas que, como siempre, lo bueno dura poco y por tal parece menos.
Lo duro no es seguir.
Lo que se hace difícil es dejar de compartir y cambiar el pronombre a la primera persona.
Es posible que nunca debiera haberse dado el proceso contrario.
Quizás hubiera sido mejor hablar desde el mismo yo y no arrogarse un plural que en si mismo no sostiene más que lo fugaz.

Seguir en el intento
Abrir paso
Dejar salir
Dar rienda suelta
Componer una treta
Disipar la duda
Abarcar la compostura
Enhebrar y puntear
Crear sobre una urdimbre
Hacer poesía libre
Ser libre aunque el espacio ocluya
Derretirse por los pulpejos que teclean sin aspavientos ni laureados pliegos
Ánimo que asiste a quienes ante la luz amorfa deletreamos grandes y amplios pensamientos que a la mínima se avaden
Lugar de encuentro
Primero jolgorio y fiesta
Después la retirada para verlo desde la distancia
Nuevo intento, para constatar que vale la pena entrar
Renovar las ganas y aventurarse en el sendero que parece aproximará a la cima sin demasiado esfuerzo
Falsa perspectiva
La montaña engaña
Parece que no hay pendiente, que las nubes tocan su cima
Así el proyecto que en principio aletea en posibles, toma curso en ritmo joven animado y cantarín, pero al cabo de derroche el esfuerzo se impone
Parar y hacer pausa
Revisar lo andado y mirar a la distancia
Recordar que el objetivo si no se alcanza pesa como piedra y amilana la garganta
Las primeras luces del alba prometen
El descanso de la noche renovó las ganas
No será para mañana
Darse tiempo y no precipitarse
Aferrarse al primer momento es quedarse
Seguir en el intento
Construir nuevos posibles sobre esa base
Los laureles y reconocimientos escasean tanto que, mejor obviarlos
Apuntaste con certeza una meta que allí está
A veces parece que el escollo la hará inaccesible
Es posible que retrocedas muchas veces
Es factible un parón que precede a un acelerado movimiento
Mojón a mojón
Nada es de ritmo preciso
Más bien parece que sea a trompicones que se consigue
Dejar en otra puerta las llaves que no ajustan a su cerradura es otra
Para embarcarse es necesario tener buena preparación
En eso no hay improvisación
Los muchos renuncios e intentos hacen del navegador maestre de su embarcación
Poco a poco se va trenzando la cuerda que al hacerse va acortando distancias
¿Intentarlo? Siempre, aunque la cuerda te suelte y te deje pendido en el aire

He traído una pausa por escribir,
un renglón por decidir,
un ánimo por diluir.
He mirado mi mundo en ti.
He salido del paso sin vivir.
No me harás reír.
Herida abierta al roce del aire.
Pausa del tiempo infinito.
Plática por decir.
Río interno que corre y arrastra.
Padeceres y pesares ocultos a los mortales.
Ahíto que nos separa.
De la finitud asistes con esa firmeza triste.
No hallas trascendencia donde se haya la tristeza.
Rememoras con paciencia.
Haces de esto un ritual para que te libre de tu mal.
Otro tiempo las plañideras soltaban con sus llantos,
las congojas ojerosas que os habrían pergeñado.
Ácimo el pan en tu mesa será para ti castigo.
Vino amargo de las vides de un esclavo.
Acedera en tierra virgen.
A la sombra triste de un almendro seco,
posas los huesos dolidos por tu tiempo fenecido.
El tiempo terminó su ciclo.

La mirada que te sigue te observa en cada uno de tus movimientos. Al despiste asiste a tu presencia aunque tú no lo creas. Se mantiene atenta. Aunque permanezcas quieta, ella no desfallece. Cuando muevas pieza saldrá tras de ti volada, para no perder tajada.
Si supieras cuantos están pendientes de ti no podrías seguir. Quedarías paralizada, incapaz de continuar este paso que te pasa a otro y nuevo lugar.
Cuando llegues, olvidarás y tendrás esa mirada desde la otra línea del tiempo que te atará.
Desprenderse para volar hacía el infinito que diluye en totalidad.
No vagues con envidia entre quienes sujeta la carne y pierden día tras día esperanzas porque, aunque no quieran, se saben finitos y conclusos.
Has batido tus alas en ese escenario en que la vida pasa.
Has creído que podrías continuarla a tu pesar y sin ganas.
Te has dado plazos que, cumplidos, renuevas por no ser capaz de obrar con propiedad.
Eres escurridiza e inútil te entretienes entre esas voces que de un vacío aplastante crees que te responden.
Haces paradas para respirar.
El ahogo nada lo podrá remediar.
Estás y estarás hasta que esa cuerda tensada rompa y estalle por no poder aguantar.
Entre tanto buscaras voces en ese hueco vacío que te quieres amueblar.
Es hastío lo que se impone en cada tiempo y lugar.
De él crees haber salido.
Inventas tus movimientos, en esta danza de nada, para llenarlos de una falsa esperanza que acrecienta tu dolor cuando, en estado de consciencia, te ves reflejada en el reloj de arena a punto de consumirse y con ganas de darle la vuelta, para volver a hacer pruebas falsas de una imposibilidad.
Has buscado en la palabra que escribes respuestas a preguntas que tan siquiera te formulas.
Hacer cuestionamientos sobre algo es saberlo y ese no es el caso.
Pretendes tensar el arco.
Golpea el mazo en dolor que en el barro te adhiere.
Si la neurona se durmiera y borrara, es posible que la vida no pesara, pero, en ese caso, ni siquiera en lo básico sabrías dar un solo paso.
Para tu magra supervivencia es necesario sufrir la flaqueza de la carne y creerse ese cuento espiritual, en que se hilan los sueños que se convertirán en la más terrible pesadilla, la que no quieres mirar.
La parca que a todos asiste deberá acudir a tu cita ineludible.
Engañosa te dirás que has vivido.
Cuantos momentos perdidos, y aún más los desatinos.
Nunca es tiempo para ese encuentro, a no ser que lo corrupto de este cuerpo en declive imposibilite. En ese caso qué otra cosa mejor que dar definitivamente el portazo y cerrojazo.
Está claro que seguir en esas circunstancias es un desgaste del alma sin más propósito que el sometimiento a las leyes inhumanas.
Arrancan los lamentos en estancias pagadas con la sangre de quienes acumularan un gran fardo de dolor para remontar la cuesta de su propia perdición.
Prohíben la libertad última, de decidir en una misma cual es su voluntad.
Las últimas voluntades están sometidas a criterios arbitrarios para mantener falsa cohesión social.
La ciencia que no te salva, al menos, debería suavizar ese último tramo que a todos nos es asignado.