Es mi predisposición a estudiar el interior lo que me llevó a la astrología.
Podría valer como una vacuidad pero realmente si hubiera habido sólo una vacuidad no me hubiera quedado en ella.
Es como la filosofía del Tao, se puede ver como una vacidad pero conlleva hacer una renuncia también a nuestros deseos. Diríamos que lo que propone es tan sólo una relación de fuerzas con la naturaleza, como también la astrología.
Llegar a abrazar estas filosofías no me cabe duda no sería por una vocación epistemológica, de ahí que por eso la filosofía alemana desistiera de ellas, pues no podían explicar el mundo tal cual es con las simples herramientas de la naturaleza, querían usar las matemáticas y la lógica como modelo de esas herramientas. Para mí el hecho de llegar hasta ellas nos era dado por una condición natural del estudio de nuestro interior, que era donde las filosofías epistemológicas incluso las psicologías al uso habían puesto tantas condiciones que no podían satisfacernos plenamente.
En mucho de estos casos, yo no podía ver bien cómo me condicionaba, simplemente iba, me guíaba por la astrología.
Sin embargo, a las leyes y al Derecho terminé al fin viéndoles un camino por dónde yo podría cogerlos para poder entenderlos mejor.
Empecé con el estudio de las sentencias y el de la argumentación práctica y eso me llevó también finalmente a la filosofía comunicativa de Apel y Habermas. Aunque por el significado social de estas filosofías todavía encontré muchas reservas en mis profesores, que veían y tenían a la escuela de Frankfurt como la viva imagen del marxismo cuando solo era su revisón crítica y con distancia del marxismo, adoptando lo mejor del sentido "colectivo" que tiene la filosofía alemana.
¿Por qué un alemán como Habermas no se quedaría sólo en la filosofía que hasta ahora había producido Wittgenstein y la escuela de la "filosofía analítica"?
Porque realmente aquellas filosofías se habían quedado en vacuidades lógicas. Donde todo lo más el lenguaje es comunicación y podemos entender con él un mundo más o menos isomorfo con la realidad.
Pero había que ir más allá. Quedarnos en la vacuidad de la lógica, como en la vacuidad de las filosofías orientalistas o en la propia astrología, era negar el hecho social y comprometido de la filosofía del hombre que se había iniciado en el siglo XVIII con Rousseau y antes con Kant y con el proyecto universal de la razón.
Sigo observando los aspectos entre los astros, porque son fuerzas, pero es imposible en verdad observar un comportamiento científico.
ishtar_terra: "It is only when the formed learns from the unformed that there is understanding.." Chung Tzu (Sólo cuando los conocimientos formados den entrada a los que vienen de los no formados, entonces habrá entendimiento.." Chung Tzu)
ishtar_terra.- Para mí la astrología va mas lejos que el "I-ching", el Libro de las Mutaciones o de los Cambios. Pero también China otorgó importancia al ciclo de júpiter, en su horóscopo chino. Y yo lo sentí en mí, este ciclo, en el inicio de un ciclo en mi vida.
ishtar_terra.- Y comprender el ciclo de saturno es muy importante, yo necesité 33 años de mi vida, en ese momento ningún conocimiento cientifico me aportó información.
ishtar_terra.- Porque se siente la soledad y la derrota mas grande del mundo, ni el derecho (que era lo que yo había estudiado) ni nada me ayudó, no hay explicación: De serlo todo pasas a ser nada.
No soy astróloga pero sé de astrología mucho más que muchos supercheros, no es ciencia pero tiene unidad con el ritmo vital, estoy convencida.
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La relación del sujeto con la naturaleza, arrancada de sus raíces corporales, de su entorno cósmico, de su relación con la vida sólo expresa denegación, y permanece en un perpetuo paso al acto inculto.
Lo que compromete nuestra libertad individual, por descontado, no garantiza que no continúe habiendo alienación, como tampoco garantiza que no continúe habiendo causalidad social y sigue siendo apremiante, y lo es incluso más que nunca, en la tecnología social de nuestros días, so pena de que ésta se reduzca lisa y llanamente a “ingeniería social”.
La libertad es un derroche, la libertad extenúa, mientras que la opresión produce una acumulación de fuerzas e impide el despilfarro de energía provocado por la capacidad del hombre libre de exteriorizar, de proyectar fuera de sí mismo lo que de bueno hay en él. Se comprende así por qué los esclavos siempre vencen al final. Los amos, desgraciadamente para ellos, se manifiestan, se vacían de su sustancia, se expresan: el ejercicio espontáneo de sus dones, de sus ventajas de toda índole, les reduce a sombras. La libertad les devora.
Desde una pura arbitrariedad podemos también negar la libertad e imponer la tiranía, esto no lo podemos olvidar, los dos extremos son malos para el dogmatismo o los sistemas totalitarios.
La libertad como por obra del destino o de su poder propio es una lucha entre dos males y es esto lo que termina desencadenando su fin y es el desenlace de esta lucha lo que resuelve un vencedor y nuestros límites lo alcanzamos por superación de esa lucha.
“La única finalidad por la cual el poder puede, con pleno derecho, ser ejercido sobre un miembro de una comunidad civilizada contra su voluntad, es evitar que perjudique a los demás”, John Stuart Mill en su ensayo Sobre La Libertad.
Disertar sobre la libertad no lleva a ninguna consecuencia, ni para bien ni para mal; pero sólo tenemos instantes para darnos cuenta de que todo depende de nosotros...
La libertad es un principio ético de esencia demoníaca.
No nos sentimos libres, no comprendemos nuestras oportunidades y nuestros peligros, más que en ciertos sobresaltos.
Ahora bien la libertad en letras mayúsculas que está en contra del determinismo que rige en la naturaleza es probablemente una ficción cerebral.
El ser humano posee respecto a nuestros antepasados evolutivos mayor grado de libertad por lo que respecta a la gama de conductas mostradas pero ello no supone que lo que consideramos normal sea una conducta elegida.
Intentad ser libres: os moriréis de hambre. La sociedad no os tolera más que si sois sucesivamente serviles y despóticos; es una prisión sin guardianes, pero de la que no se escapa uno sin perecer. ¿A dónde ir, cuando no puede vivirse más que en la sociedad y cuando no se tienen ya instintos, y cuando no se es tan lanzado como para mendigar, ni tan equilibrado como para entregarse a la sabiduría? A fin de cuentas, uno sigue como todo el mundo, fingiendo atarearse; uno se resigna a tal extremo gracias a los recursos del artificio, entendiendo que es menos ridículo simular la vida que vivirla. (Cioran, en "La tentación de existir)
¿Cómo diferenciar las cosas que dependen de nosotros de las que no dependen? Yo no lo sé.
Como decía Aristoteles, la felicidad es el fin último de la vida humana y todos los hombres se proponen alcanzarla, (para wnefron).
(Para cyrano) La ética es importante también para la economía, no olvidemos que el capitalismo, su práctica, nace de la ética calvinista, es decir, de una ética restrictiva. Después se han tergiversado mucho las cosas.
A Cyrano me gustaría responderle desde aquí a la cuestión de la “emancipación real del hombre”, que era la consecución final decíamos de toda ética que se prestase a ser universal y por ende racional.
Kant, que es mucho más que un pietista atormentado o un místico puritano, indica que los seres humanos encuentran su liberación y emancipación en el “mundo moral”, y que así el ser humano busca la autodeterminación, la ilustración y el esclarecimiento.
Marx esta fuente de inspiración la toma de Rousseau, en la formulación del mito de la identidad de este modo: “Sólo cuando el hombre individual reabsorba al ciudadano abstracto del Estado, sólo cuando el individuo haya reconocido y organizado sus "forces propres" como fuerzas sociales y, en consecuencia, no vuelva nunca a separar de sí mismo la fuerza social bajo la forma de fuerza política, sólo entonces se habrá dado cima a la emancipación humana”. ¿Cómo no reparar en que la alusión, en francés, a las “propias fuerzas” del hombre constituye una cita literal de Rousseau.
Pues dejando a un lado a Aristóteles -que nunca tuvo veleidades contractualistas y se opuso firmemente al convencionalismo político de los sofistas- y a Marx que pasa por un resuelto crítico del contractualismo, lo que no empece a su estrecha vinculación, aun si inconfesada, con el pensamiento rousseauniano.
Entre la cuestión del rotundo objetivismo de la concepción marxiana del desarrollo de las fuerzas productivas y el intersubjetivismo de la del desarrollo de las relaciones sociales de producción, se encontraría la cuestión que ha hecho debatir su revisión posterior. Y cabe destacar a Habermas, en el caso de su Teoría de la acción comunicativa.
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Parece sostenible que el único universalismo aceptable es el que sigue la ratio de la universalización de los derechos humanos y del reconocimiento de la condición de sujeto de todo ser humano como tal.
Aún así este universalismo ha de hacer frente a críticas como aquellas que provienen del incremento y de los cambios cualitativos del fenómeno de la multiculturalidad. Es más fructífero el planteamiento del cosmopolitismo plurinacional por complejización. Este modelo que tiene en cuenta las diferencias entre cultura y civilización. El universalismo subraya las exigencias de reconocimiento de identidades particulares.
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Tanto el “superhombre” nietzscheano como el “hombre genérico” marxista pertenecen a la misma familia del “hombre en cuanto hombre”.
Y todo lo que Marx y Nietzsche advierten es que las condiciones para su respectiva instauración no están dadas cuando ambos escriben, como por lo demás la propia historia de la ética se había encargado ya de demostrar cumplidamente para entonces.
Por tanto, la filosofía idealista se da cuenta de sus limitaciones también.
La sospecha de Nietzsche y la de Marx parecen ir en esa dirección cuando el primero apunta que la moralidad podría no ser, después de todo, mas que un recurso de los “impotentes” para evitar por medio de ella ser sojuzgados por los “poderosos”; o cuando el segundo la descalifica como un “fraude” haciendo ver que -aun así pudiera hablarse de principios morales universales- su puesta en ejercicio dentro de una sociedad concreta acabaría de modo inevitable desvirtuándolos y poniéndolos al servicio de la estrategia de la clase dominante, que tiende a la preservación de su dominio, y ello tanto más fraudulentamente cuanto más hincapié se haga en la presunta universalidad de esos principios.
Ninguna de tales objeciones merece ser tomada a la ligera ni cabe, por lo tanto, despacharlas en un par de palabras.
Y luego hay que acudir también al otro filósofo de la sospecha, a Freud.
La moralidad, como toda forma de cultura, dice Freud, comporta esencialmente la inhibición de las inclinaciones naturales de los hombres; y habría que preguntarse si el precio pagado por su imposición en represión -y, en definitiva, en insania mental- no es demasiado alto, cualesquiera que sean las ventajas que haya podido reportar. ¿No obraríamos cuerdamente, en consecuencia, olvidándonos del adjetivo “bueno” y sobre todo, de su contrario, el adjetivo “malo”- y tratando de esta manera de recuperar la inocencia perdida?
~En este momento es cuando podemos conectar con la ética que tú mismo propones la de Von Mises, sobre el relativismo ético, ya que lo bueno y lo malo es relativo la ética está inmersa en un irracionalismo. Pero también así se pronunciaría Wittgenstein, aun cuando se ha dicho que él no se consideraba un irracionalista ético.
No obstante, yo también tengo derecho a la "sospecha", creo yo modestamente, y me atrevo a ver en estos planteamientos la sospecha de que tanto uno como otro se enderezan a poner de relieve que la pretensión de universalidad, como el relativismo en ética no es exactamente lo mismo que la universalidad consumada o que una racionalidad acabada, más bien que a arruinar la pretensión en sí de universalidad y la pretensión de racionalidad.
Es condición de la racionalidad que haya libertad y universalidad para que exista la razón, como Emmanuel Kant ya vino a constatar.
En su día hablé de los universos simbólicos de legitimación y de la infuencia de las religiones monoteístas en la cultura occidental y en la burocracia para crear esta realidad de universalidad que surge, definiéndose así, a partir del momento de la Ilustración en el proyecto de la razón como patrimonio universal del hombre.
Por eso desde el pensamiento liberal alguien como Stuart Mill se declara, al igual que en Sócrates y en Platón de quienes en su “Autobiografía” se dice heredero, que lo que importa es la conquista de la autoestima, la satisfacción con el daimon propio, a lo que se une el hálito de la ilustración francesa a través de la filosofía saintsimoniana, que añade a esta autoestima la autodeterminación y la emancipación humana.
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La ética se diferenciaría de la moral en que trataría de hacer posible estos requisitos de universalidad y de libertad, y hasta ahora se han producido dos éticas que han destacado sobre las demás, la de Habermas y la de Apel, éticas que tienen además en común de que son éticas discursivas o éticas procedimentales, es decir, ponen el acento en la consecución de los procedimientos universales del discurso para poder conseguir la pretensión de validez racional y la consecución de un consenso. Lo bueno que tendrían estas éticas procedimentales es que pueden ser propuestas por cualquier individuo o persona interesada y no necesitan tener carácter institucional.
«Ponedme las cadenas de la Ilusión», suspira, mientras dice adiós a las peregrinaciones del Conocimiento. Así se lanzará de cabeza en cualquier mitología que le asegure la protección y la paz del yugo.
Declinando el honor de asumir sus propias ansiedades, se comprometerá en empresas de las que obtendrá sensaciones que no sabría conseguir de sí mismo, de suerte que los excesos de su cansancio reforzarán las tiranías.
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Seamos justos: en el punto en que están las cosas ¿qué otra cosa podría hacer? El encanto y la Originalidad de Europa residen en la acuidad de su espíritu crítico, en su escepticismo militante, agresivo; este escepticismo ha concluido su época. De este modo el intelectual, frustrado de sus dudas, se busca las compensaciones del dogma. Llegado a los confines del análisis, aterrado de la nada que allí descubre, vuelve sobre sus pasos e intenta agarrarse a la primera certidumbre que pasa.
Pero le falta ingenuidad para adherirse a ella plenamente; a partir de entonces, fanático sin convicciones, ya no es más que un ideólogo, un pensador híbrido, como se encuentran en todos los períodos de transición.
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Tal cual es, Occidente no subsistirá indefinidamente: se prepara para su fin, no sin conocer un período de sorpresas ... Pensemos en lo que ocurrió entre los siglos V y X. Una crisis mucho más grave le espera; otro estilo se dibujará, se formarán pueblos nuevos. Por el momento, afrontemos el caos. La mayoría ya se resigna a él. Invocando la historia con la idea de sucumbir a ella, abdicando en nombre del futuro, sueñan, por necesidad de esperar contra sí mismos, con verse remozados, pisoteados, «salvados»... Un sentimiento semejante había llevado a la antigüedad a ese suicidio que era la promesa cristiana.
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Pero, imperialistas en nombre de un sueño obtuso y de una ideología hostil a todos los valores surgidos en el Renacimiento, debían cumplir su misión al revés y echarlo a perder todo para siempre. Llamados a regir el continente, a darle una apariencia de ímpetu, aunque no fuera más que por unas cuantas generaciones (el siglo XX hubiera debido ser alemán, en el sentido en que el XVIII fue francés), se lo arreglaron tan torpemente que apresuraron su desastre. No contentos de haberlo zarandeado y puesto patas arriba, se lo regalaron, además, a Rusia y América, pues es para éstas para quien supieron tan bien guerrear y hundirse.
De este modo, héroes por cuenta de otros, autores de un trágico zafarrancho, han fracasado en su tarea, en su verdadero papel. Después de haber meditado y elaborado los temas del mundo moderno, y producido a Hegel y Marx, hubiera sido su deber ponerse al servicio de una idea universal, no de una visión de tribu.
Si aspiro a una carrera metafísica, no puedo a ningún precio guardar mi identidad; debo liquidar hasta el menor residuo que me quede de ella; mas si, por el contrario, me aventuro en un papel histórico, la tarea que me incumbe es exasperar mis facultades hasta que estalle con ellas. Siempre se perece por el yo que se asume; llevar un nombre es reivindicar un modo exacto de hundimiento.
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Fragmentos de Cioran, en "La Tentación de existir".
“Una prostituta compasiva soy”, dice Ishtar. Ishtar no es una diosa del matrimonio, ni es una diosa madre. El matrimonio sagrado o la sacra hierogamia que se representaba todos los años en el templo babilónico no tiene un implicación moral ni es modelo de matrimonios terrestres, es un rito de fertilidad altamente estilizado con tonos litúrgicos.
En Sumeria, Inanna es una diosa importante. Pero a partir del rey Sargon.
Leyenda
Ishtar, señora del firmamento, poderosa diosa del amor y de la guerra. Su primer esposo fue su hermano Tammuz. Al morir Tammuz, Ishtar descendió a los infiernos para arrancarle a su hermana, la terrible Ereshkigal, el poder sobre la vida y la muerte.
Después de darle instrucciones a su sirviente Papsukal, de ir a rescatarla si no regresaba, Ishtar descendió a la tierra, de las tinieblas Irkalla. Comenzó valiente y desafiante, gritando al portero que abriera la puerta antes de que la echase abajo. Pero cada una de las siete puertas se la iba despojando una de sus prendas, y con ellas se iba despojando de su poder, hasta que llegó desnuda e indefensa ante Ereshkigal, que la mató y colgó su cuerpo en un clavo.
Con su muerte, todo el mundo comenzó a languidecer. Pero el fiel Papsukal llegó hasta los dioses y les pidió que creasen un ser capaz de entrar en el mundo de los muertos y resucitase a Ishtar con la comida y el agua de la vida. Así es como Ishtar volvió a la vida, pero tenía que pagar el precio: durante seis meses al año, Tammuz debe vivir en el mundo de los muertos. Mientras está allí, Isthar ha de lamentar su pérdida; en primavera, vuelve a salir y todos se llenan de gozo.
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Esta leyenda es también otra versión para el origen de la llamada "Danza de los siete velos", la cual cuenta que el amor de Ishtar por Tammuz era tan grande que decidió también ir al reino de Ereshkigal. Con pasión y determinación, cruzó los siete vestíbulos del submundo, y en cada uno de ellos era despojada de una de sus pertenencias: un velo o una joya. En esta historia el velo representa lo oculto, las cosas que nosotros ocultamos de los otros y de nosotros mismos. Al dejar el velo, Isthar revela sus verdades, y entonces consigue reunirse con su amor.
Posición en el panteón:
Hija de Sin, dios de la Luna, y Nannar, la Luna. Hermana menor de Ereshkigal y hermana gemela de Shamash, en sumerio Utu, dios del Sol. Compañera de Tammuz, en sumerio Dumuzi.
Su número asociado en el panteón de la mitología mesopotámica es el 15.
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Me llama la atención la mitología mesopotámica, de Babilonia y de Sumeria porque mi nombre en verdad Esther se corresponde con ella.
Y es curioso como esta relacionada una mitología con otra, este mito o leyenda de la caída estaria relacionado tambien con el mito de Persephone en griego o de Proserpina en romano que habla de que la diosa debe descender al hades o infierno por seis meses para despues rejuvenecer en primavera y poder volver a la vida por otros seis meses.
Y me llama la atencion el nombre de Tammuz y los dioses que se relacionan con ella.
Cuando se dice que ella no está relacionada con la tierra ni con las diosas madres, sino que es como una inspiración lunar me veo reflejada en ella. Y en esa forma de caída tambien en el amor, el que ella se vea reflejada en la compasión de las prostitutas, tal vez la última forma de amar posible...